Khamlia y su cultura

 
 

Khamlia es una aldea desértica del sureste de Marruecos que dista unos 7 Km de Merzouga, un pequeño pueblo conocido como “La Puerta Sur del Desierto”, y 136 Km de Errachidia, capital de la provincia a la que pertenece.

Fue fundada alrededor de 1950 cuando algunas familias gnawas que habitaban en el pueblo de Taouz se trasladaron a esta zona. Por aquellos años ésta era una tierra fértil que contaba con abundante agua. Además, estaba situada a pocos kilómetros de las minas de fósiles lo que ofrecía a la población masculina la posibilidad de trabajar en ellas como mano de obra.

En la actualidad, la aldea de Khamlia está poblada por cerca de trescientas personas de la etnia gnawa, originarios del África Central y del sur, y unas cincuenta personas de origen nómada o de otros pueblos de los alrededores: un total de 41 familias.

Desde los años 80, debido a la creciente desertificación, esta zona sufrió una fuerte sequía que aún perdura y, aunque hay aguas subterráneas que permiten cultivar, es una actividad muy limitada que no supone un recurso suficiente para la subsistencia de toda la población.

La majestuosidad del paraje de Erg Chebbi lo hace un lugar muy atractivo para el turismo que se ha convertido en la actualidad en la principal fuente de ingresos de los pueblos de la zona y también de la aldea de Khamlia, tras el cierre de las minas de fósiles hace unos años. Si bien toda la comarca vive un cierto florecimiento económico gracias al turismo que llega a aventurarse por las arenas del desierto, se trata de una región aún muy postergada desde el punto de vista económico.

Parte de la población trabaja como asalariada en poblaciones de la región, principalmente en los cultivos. Las mujeres apenas tienen salidas laborales fuera del hogar, la gran mayoría no tuvo la oportunidad de ir a la escuela. Sin embargo, sí tienen conocimientos artesanales y muchas ganas de avanzar: en la actualidad están trabajando para impulsar una asociación de mujeres en la que poder realizarse en el plano personal y laboral.

La población es mayoritariamente  musulmana, se rige por un principio de convivencia basado en la autogestión de la comunidad, ésta establece sus normas mediante el diálogo y la autoridad de un consejo del forman parte los hombres de la aldea. Se procuran solucionar los problemas aprobando las decisiones por consenso y no hay una única autoridad que imponga su criterio.

 

La cultura gnawa

Históricamente hablando,  Sijilemasat -hoy sólo unas ruinas junto a las que se levanta la ciudad de Rissani- era una de las capitales comerciales más célebres del sureste de Marruecos. Su actividad comercial consistía principalmente en la venta de alimentos pero también en la exportación de mano de obra traída de diferentes países del África subsahariana. De aquí viene el término gnawa, que significa “esclavo” en el dialecto bambara.

Cuando se abolió la esclavitud, una parte de los esclavos liberados optó por permanecer en Marruecos y se integró en la sociedad local, aunque lo consiguen sólo relativamente debido a los prejuicios existentes todavía en la sociedad marroquí. Los Gnawas se han dispersado progresivamente por todo el mapa marroquí, pero principalmente se agrupan en dos núcleos al noroeste y al sureste del país.

El pueblo gnawa otorga una enorme importancia al mantenimiento de sus tradiciones y costumbres originales,  enriquecidas por la influencia marroquí a lo largo del tiempo. De su bagaje cultural cabe destacar el aspecto musical, del que se dice beben ritmos tan importantes como el jazz, y que produce el interés creciente de estudiosos y músicos de todos los continentes.

En los años 90 el maestro Zaid Oujeea fundó el grupo de música Les Pigeons du Sable con el fin de conservar y transmitir de unas generaciones a las siguientes el folklore gnawa.

El auge de la música gnawa y el crecimiento del turismo que llega a la región atraído por las grandes dunas, han hecho del proyecto promovido por Zaid la profesión de casi la mitad de los habitantes de la aldea. Acompañado por el resto de los músicos que forman Les Pigeons du Sable, Zaid recibe en su casa a visitantes y turistas que vienen a escuchar la música Gnawa y a conocer la cultura de este pueblo.

Esta actividad -que ha dado lugar a la creación de otro grupo musical en la aldea, los Bambara- se ha convertido en la principal fuente de ingresos para muchas de las familias de la aldea, mitiga el fenómeno de la  emigración  y favorece la supervivencia de su cultura ancestral para las futuras generaciones.